Entendiendo al Kung Fu

El kung-fu no es en realidad un único deporte, sino el modo en que se denominan en general a las artes marciales en el mundo cultural chino. Mientras que en Taiwán se lo reconoce como Guoshu, es común que en la China continental estas prácticas se identifiquen como Wu Shu (literalmente, “el arte de la guerra”).

Si bien en todas estas disciplinas se agrega al componente puramente deportivo una elevada cuota de filosofía y conocimientos relacionados, en la cultura de aquel país el concepto del kung fu involucra un nivel mucho más completo y elevado. Desde una perspectiva etimológica, kung corresponde a “trabajo” o “ejercicio”, mientras que el pictograma que se lee como fu implica “sabiduría”. Por lo tanto, en realidad el kung fu es un “trabajo sabio”.

Se estima que existen más de 200 estilos diferentes de estas artes marciales, cuya difusión al mundo occidental se originó hacia principios del siglo XX y alcanzó una máxima popularidad con distintas producciones cinematográficas a partir de la década de 1960. En tiempos modernos, el Occidente vislumbra a esta actividad deportiva como una estrategia de interés para la defensa personal.

Sin embargo, los beneficios del kung fu y de otras artes marciales resultan también de su acción beneficiosa sobre la coordinación visual y motora, así como de la posibilidad de combinar destreza motriz, elasticidad y flexibilidad con contundencia y musculación. En el caso de los niños y adolescentes, el kung fu agrega además una fuerte confianza en sí mismo y una mayor tendencia al orden y la disciplina. En sujetos mayores, adquiere especial relevancia el estímulo de la propiocepción, esto es, de una adecuada orientación del equilibrio estático, además de la mayor producción de masa magra en relación con el tejido adiposo.

Foto: Rising Stars

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