Las Lesiones en el Rugby

Las lesiones asociadas con la práctica deportiva representan un motivo de preocupación, en especial en el caso de atletas juveniles que podrían arrastrar secuelas de magnitud para su vida futura.

Acaso por su naturaleza de deporte de contacto, el rugby es una de las disciplinas que genera mayor inquietud en los padres de niños y adolescentes que se dedican a esta interesante actividad. Las lesiones más graves, sin dudas, son las asociadas con los traumatismos de la columna cervical, que podrían desencadenar complicaciones motoras graves y en algunos casos irreversibles. Otras consecuencias temibles de las colisiones y fricciones de este deporte son las fracturas de mandíbula, el trauma facial y las lesiones cortantes del pabellón auricular.

No obstante, la prevención por medio del aprovechamiento de los hombros como verdadero blindaje ofrece la posibilidad de reducir el riesgo de lesiones graves. Por sus características biomecánicas, esta articulación puede amortiguar las fuerzas de impacto o bien transmitirla a planos blandos integrados por músculos anchos y gruesos, como los que recubren la caja torácica y el dorso.

Asimismo, los ejercicios de precalentamiento, al modificar el tono muscular antes de la competencia, facilitan la capacidad del tejido muscular para absorber la energía durante el roce o la colisión. De la misma forma, las tareas de elongación posterior a un encuentro de rugby reduce la posibilidad de complicaciones osteomusculares y de aquellas lesiones relacionadas con estiramiento inadecuado de los planos musculares de los miembros.

Como ocurre con otros deportes colectivos, la puesta real en práctica de un verdadero espíritu deportivo y respeto al rival es no sólo un componente cardinal de toda justa atlética, sino una herramienta más para reducir la posibilidad de lesiones y efectos no deseados en todos los niveles de competición.

Foto: Try Scrum

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